miércoles, 8 de febrero de 2017

¡EL ATAQUE ANÓNIMO!

 Todos sabemos que el concepto Anónimo se puede traducir como “sin nombre”, un “incógnito secreto etc. El anónimo es un desconocido, es más, da de sí mismo uno de los nombres más pobres “el ignorado”. ¡Qué pena declararse con este nombre, cuando Dios nos conoce y nuestros padres nos dieron a cada uno un nombre propio! El anónimo es quien no quiere hacer frente a sus hechos y dichos, realmente, el anónimo es muy pobre en sí, porque no solo se deshace de su nombre sino también de su dignidad humana. ¡Es que no pueden existir personas sin identidad!

Habrá mil y una razones en las que la persona tiene todo el derecho de preservar su identidad, ¡claro que sí! pero los atacantes anónimos son el peor cáncer de esta sociedad. Son las personas más pobres de este mundo. ¡Viven en el miedo, son los dedos acusadores que nunca saldrán a la luz para ni siquiera decir un “Si” o un “No” con toda libertad del mundo, son las persona tibias, personajes cubiertos con piel de oveja!

Curiosamente cuando queremos elogiar a una persona, cuando queremos hacer las cosas bien a no ser por una sorpresa, casi nunca se utiliza el anónimo. ¿Por qué? Porque sabemos que hemos intentado hacer el bien aunque a veces haya incomprensión, sabemos que nuestra intención no es de herir a nadie, sino de felicitar o de desearle lo mejor.

Al contrario, cuanto queremos amenazar, ofender, acosar, publicar intimidades ajenas, humillar, despreciar etc., entonces, sí se utiliza el anónimo. Pero ¿si el anónimo no existe? ¿Serán entonces unos muertos que se ponen a actuar de esta forma? Por qué cuesta salir a la luz y decir, ¡soy yo, quien actúo de esta forma y lo hago por esto y esto! ¿A qué se teme?

Cuando se utiliza un incógnito secreto contra la dignidad humana ¿Qué es lo que realmente queremos decir sobre nosotros? Que somos unos muertos que existen ya que no tenemos identificación, que nuestras vidas y nuestras obras son la oscuridad, vivir en lo oculto, tal vez porque al darse a conocer nos daría vergüenza o porque nuestra manera de existir nos humillaría.

Hoy, existe mucha facilidad para estos ataques anónimos siendo las redes sociales las principales, de hoy a mañana se puede corromper la dignidad humana por carteles anónimos, acusaciones anónimo, textos que amenazan etc. como acaba de pasar en Roma, y, por cierto no lo digo por ser el Papa, que también, e incluso si fuese alguien que  no tiene voz para denunciar a estos hechos barbáricos. Sí estos personajes se consideran de buen juicio (porque así pobremente se da a entender), ¿por qué se olvidan de que tienen el derecho de que le clarifiquen las cosas, le expliquen sus incertidumbres…que tienen derecho de que les escuchen como todo hijo de Dios? ¿Por qué se empobrece tanto hasta privarse su propio nombre? ¡Ah, claro saben perfectamente  que lo que intentan decir o clamar aunque fuera bueno, le daría vergüenza hacerlo en plena luz! ¿Por qué no quieren que les conozca a esas personas que amenazan y que humillan públicamente? Les da vergüenza a enfrentarse a una sola persona,  entonces ¿Dónde sacan fuerzas para hacerlo públicamente y de una manera tan fea?

Admiro este tipo de gente, veras que cosa más fácil, “le piden una cita, o te invitan a un café, a un paseo, a pasar un rato contigo, a un almuerzo y cuanto todo está bien, te cogen con pinceles como la prenda más valiosa y más delicada del mundo y te dicen, ¡oye, lo del otro día no entendí ¿me lo puedes explicar?! A la gente sencilla no necesitan tanto protocolo, pero, esta forma es mucho mejor y mucho más culta que meterse en la fila de los ataques anónimos.

Quiero pensar que quienes amenazan anónimamente son la gran cizaña de nuestra sociedad. Por creerse muy sabios y muy inteligentes y se olvidan de una cosa muy sencilla, que no se puede encender una lámpara para ponerla debajo del celemín. ¿A quién  alumbraran? ¡A sí mismos, a sus egos y a sus ombligos! Nada más y muy pobremente, nada más.

Hermanos ¿cuánto esfuerzos, cuantas horas se pierden, cuanta dedicación hacen estos atacantes para que no los rastreen? ¡Ojalá que tantas energías se empleen para realizar un bien común!

La sociedad presente corre un gran peligro ante esa gente. ¡Son los dedos acusadores que nunca se mueven de sus sillones ni para mejorar lo que acusan! ¡Son individuos que prenden fuego y ellos mismos guardan distancia para ni siquiera oler a humo! ¡Siembran el mal en corazones inocentes y cuanto brota la espiga más débil que la cizaña se pierde la pista!

Llama mucho la atención que el mensaje de Jesús nunca fue una Religión, su mensaje fue; amor, fraternidad, justicia, igualdad, paz, esperanza, sentido profundo de la existencia, solidaridad, vida, compromiso con el débil, el pobre, el marginado, el maltratado…y aquí hermanos se encierra “la gran misericordia de Dios”.

Sorprendentemente un anónimo o unos anónimos le preguntan al Papa francisco, “¿Dónde está tu misericordia?”.  A estos creo que ni siquiera saben lo que es la misericordia. Les preguntaría ¿tu, no eres digno o digna de identificarte? ¿Por qué te privas de tu nombre? ¡Ahí comienza la misericordia que tanto clamas!

Esta nueva opción de Jesús, de entender la relación con Dios y la relación con el hombre le llevó a enfrentarse con los fariseos, leguleyos y ritualistas, que llegaron a ver en él a un enemigo declarado porque rompía con los ritos y costumbres; rutinas judías que imponían grandes cargas a la gente en vez de facilitarles vivir con dignidad.

Jesús se rompe con todo aquello que se consideraba sagrado o intocable, pero que lejos de liberar, oprimía. Él presenta una forma completamente nueva de entender la relación con Dios que es rescatar, liberar, sanar, facilitar la vida de la gente y de cada persona, salvar…hasta tal punto que para Jesús, solo es verdadera relación con Dios la que pasa a través de la relación con el hombre.

¡Es que la fe tiene fuerza que obliga gritar!

Muy queridos hermanos, no nos dejemos llevar por las mareas del anonimato, somos dignos de nombrar, de llamar con nombre propio, de preguntar, de escuchar y de ser escuchados. Ya no somos más esclavos sino hijos libres, no para que se aproveche nuestra carne inclinada al mal, sino para actuar y opinar libremente y educadamente con todo respeto y dignidad humana, para ser esclavos unos de otros por amor.

Escuchemos pues nuestra consciencia que nos grita a plena voz a denunciar tales hechos que no son más que una fe muerta, sin frutos y empeñemos en consultar los oráculos de Aquel que supo compaginar fe y obras, Jesús, el Hijo Único del Dios Vivo. ¿Eres luz? Sube a lo alto de la montaña para que puedas iluminar.

Mis felicitaciones van fraternalmente al Papa Francisco por su ejemplo vivo, por su empeño y esfuerzo, por su entrega y voluntad, por volvernos a indicar el camino recorrido por Jesús, Hijo de Dios que ¡recorrió en las periferias porque lo consideraron contaminado por el pueblo pecador! Bendita dicha que nos ganó la salvación, claro que sí, se manchó con nuestro pecado, en nuestra  humanidad.

Dichoso tú, que agarrado a éste “rechazado por su pueblo”, no te dejas enredar por esa minoría que no hace más que sembrar cizaña en el pueblo de Dios, santo e inocente pero a la vez santo.

Enhorabuena a todos los que luchan por un mundo mejor, más justo…por un mundo que libera más que oprimir.

¡Pero, ojo, de una manera limpia y sin tapujos!
                                                                                              

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