domingo, 18 de junio de 2017

HACED ESTO EN MEMORIA MÍA







<<HACED ESTO EN MEMORIA MÍA>> 

En esta Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, la Iglesia católica hace un memorial especial con un culto público y una solemne adoración  a la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Acto que se repite cada vez que se celebra la Eucaristía. Una Solemnidad que en algunos países se celebra el jueves después de la Santísima Trinidad, y en otros, como en nuestro caso, en el domingo siguiente a la de la Santísima Trinidad. Una celebración que para nosotros los cristianos es la misma fuente de la vida, la manantial en donde se sacia nuestra sed, una celebración fraterna que no excluye a nadie sino que nos acerca al abrazo caluroso del Padre, al Amor de los amores, a nuestro origen y a nuestra meta, al Cuerpo entregado y a la Sangre derramada, signo del banquete del Reino, <<el cuerpo y la sangre de Cristo>>. Hoy en la segunda antífona del oficio escuchamos esa llamada que siempre Dios nos hace << el que tenga sed que venga a mí y que beba en la fuente eterna>>.

¿En qué fuente realmente saciamos nuestra sed? ¿En el Señor? ¿En mis caprichos? A menudo nos vemos en busca de otras fuentes que claro ¡eso de la Biblia es muy exigente! ¿Y la Iglesia? ¡Si nada más entrar en la Iglesia y lo primero que escucho es “reconozcamos nuestros pecados”! Y, esto me confronta y luego me compromete a dejar a aquello que a mí me llena, me alegra, me da vida. ¿En qué fuente bebemos? ¿Qué es lo que realmente llena mi vida?
Muchas veces con el hecho de que aprueben lo que hago, lo que digo, lo que pienso, eso me basta, y cuando no, nos venimos abajo. Otras veces por tener éxito, por tener una buena paga o tener un grupo “guay” con que puedo salir, ir y venir. Otras veces con el simple hecho de que hablen bien de nosotros, parece que lo hemos tenido todo. Y todo pierde su valor hasta tal punto que ya no añoramos a la persona amada con la que quisiera vivir, sino a aquel que esté bien colocado o colocada. Y esto desgraciadamente sigue día a día hasta que un buen día la vida nos lleve la contraria y nos caigamos del borriquito.

Es un momento muy oportuno de preguntarnos en serio ¿realmente en qué fuente bebe mi persona, mi vida? Parece que tenemos bastante con ser bautizados y poseer el nombre de cristiano. Hace más o menos  un año que en una conversación con una señora, ésta me decía, yo rezo mucho y amo mucho a la Virgen, yo  la invité a un encuentro de oración que teníamos, a lo que la señora me contestó:  ¡ uh hace mucho tiempo que no entro en la iglesia, desde que murió mi abuela cuando tenía catorce años!. La miré y pensé ¡catorce años y ya tiene más de cincuenta! Sentí una lástima porque ella estaba muy convencida de su vida. Pues hoy Jesús nos dice: << el que tenga sed que venga a mí y que beba en la fuente eterna>>

Al terminar su vida terrenal, una vida entregada toda ella por la vida de los suyos Jesús no puede, sino, ofrecerse amando hasta el fin con el realismo de distribuir a a los suyos el pan de la cena y la copa del vino que serán bien pronto símbolos de su mismo cuerpo y su misma sangre. Un sacrificio que Jesús ofrece de una vez para siempre, << una vez por todas>> y que tiene tanta importancia y tanto valor que Él ordenó a sus discípulos  << Haced esto en memoria mía>>. De ahí que, lo que realmente celebramos es que en la comida fraterna del pan y del vino Eucarísticos,  Jesus se nos hace presente aquí y ahora, se hace presente en nosotros. Él es el Pan vivo bajado del cielo y creemos que al que coma de este Pan y bebe de su sangre vivirá para siempre. Como cristianos también nos comprometemos en la unidad comunitaria con la Iglesia universal al comer el mismo pan y beber el mismo vino.

En la segunda lectura del Oficio de lecturas de este día nos encontramos con una preciosidad  de lectura de Santo Tomas de Aquino con la cual miraremos nuestro compromiso cristiano. Dice en esta obra, hablando de Jesus << por nuestra reconciliación ofreció sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos salva…. >>. Y, en el responsorial de la misma se nos dice <<Reconoced en el pan al mismo que pendió en la cruz; reconoced en el cáliz la sangre que brotó de su costado. Tomad pues y comed el cuerpo de Cristo; tomad y bebed su sangre. Sois ya miembro de Cristo. Comed el vínculo que os mantiene unidos, no sea que os disgreguéis, bebed el precio de vuestra redención, no sea que os despreciéis>>

Ante estas palabras no podemos sino hacer un camino hacia dentro, al encuentro con nosotros mismos. Un camino que ojalá no nos lleve a la cerrazón propia, sino que nos conduzca a descubrir lo central de nuestra vida, lo que realmente importa. Ya sabemos por experiencia que todo lo que lleva a la división como cristianos no es de Dios. Dios Padre, Jesus, el Hijo y el Espíritu santo, tres personas en un solo Dios son prototipo de unidad y solidaridad, y, esa unidad y solidaridad ha de aflorar en nuestras comunidades cristianas y en la iglesia universal. Habrá muchos razonamientos muy buenos, pero todo lo que lleve a la división no puede venir de lo alto. La Eucaristía es vínculo de unidad y allá donde hay unidad, también hay justicia, misericordia, amor, comprensión, aceptación, perdón, humildad...alegría.  Allá donde hay unidad, es porque se ha hecho real, el rostro de Cristo en el hermano, en la hermana.

Que esta Solemnidad sea fuente de vida y fortaleza para todos nosotros y que nos ayude a cimentar nuestro compromiso como cristianos en Cristo. También que nos ayude a saber cómo llevar a otros esta alegría de haber encontrado el sentido pleno de nuestra vida.

Paz y bien a tod@s  y mis mejores felicitaciones


                                                 Hna. Catalina Mª Inmaculada Ohp


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